Sobreviviente de atentado en Bruselas se reconstruye en diálogo con uno de los autores
Sandrine Couturier viajaba en un tren subterráneo de Bruselas cuando un terrorista suicida atacó en la mañana del 22 de marzo de 2016, el día del peor atentado yihadista de la historia de Bélgica.
Los ataques coordinados contra el metro y el aeropuerto de la ciudad dejaron 32 muertos y centenas de heridos, y causaron a Couturier graves quemaduras en el rostro y las manos.
El contacto con uno de los organizadores de los atentados, dijo, le permitió recuperar la "esperanza".
Diez años después, esta mujer de 57 años relató a la AFP su largo camino de recuperación, en un proceso que implicó reunirse con madres de combatientes yihadistas y, finalmente, con uno de los responsables de los atentados de Bruselas.
Couturier vio por primera vez cara a cara al belga-marroquí Mohamed Abrini en el juicio que se le siguió en 2023, cuando él ya cumplía cadena perpetua por su participación en los atentados de París de 2015, que dejaron 130 muertos.
En los ataques en París y Bruselas, Abrini fue declarado culpable de formar parte de los comandos de terroristas suicidas, aunque en ambos casos se retiró en el último momento.
Condenado a una segunda pena de 30 años de prisión por los atentados de Bruselas, Abrini admitió en 2023 una "parte de responsabilidad".
Couturier recuerda cómo, después de que ella y su marido declararan ante el tribunal, el acusado pidió la palabra.
- Conversaciones difíciles -
"Creo que me deseó lo mejor, pero sobre todo se dirigió a mi marido, Olivier, que acababa de decir que podía contar con los dedos de una mano el número de personas que se habían interesado en cómo sobrellevaba él la situación", relató.
En respuesta, Abrini le preguntó a Couturier cómo se las arreglaba su marido, también afectado por el atentado.
"Demostró que había escuchado. Reconoció a mi marido como víctima, aunque sea en forma indirecta. Demostró cierta humanidad", dijo Couturier.
Tras el juicio, ambos se verían dos veces más en prisión.
Fue Abrini, hoy de 41 años, quien pidió el encuentro a través de una asociación belga que pone en contacto a agresores y víctimas, y Couturier aceptó.
"La primera vez estaba bastante nervioso. Habló mucho, estaba un poco disperso. Me fui de ese encuentro pensando que probablemente no lo volvería a ver", recordó.
Pero Abrini quiso intentarlo de nuevo, y su segundo encuentro, señaló Couturier, fue "muy interesante".
"Estaba mucho más tranquilo, sereno, ya no estaba en aislamiento. Me hizo muchas preguntas sobre cómo me encontraba, sobre mi familia", contó.
"Me ayudó que se preocupara de preguntarme cómo estaba (...). Volví a ser una persona, no solo una víctima", dijo Couturier.
"Antes del juicio, éramos solo ideas abstractas los unos para los otros: ellos, los yihadistas; y nosotros, las víctimas”.
- Vencer el silencio -
El proceso, recordó, permitió percibir "que somos personas de carne y hueso. No soy ingenua como para pensar que habrá una gran reconciliación. Pero el encuentro los hace reflexionar, tomar conciencia de nuestra realidad", relató.
Couturier narró que durante dos años después de los atentados "tuve la sensación de estar del lado de los muertos, de ser un campo de ruinas".
Eso cambió en 2018 cuando conoció a la socióloga Isabelle Seret, quien le propuso enfrentar los traumas conversando con el victimario y sus familiares.
Fue una "tormenta emocional", admitió Couturier. Sin embargo, conocer a madres de yihadistas le abrió "el campo de lo posible. Introdujo complejidad en un momento en que la rechazamos por completo. Recuperé la esperanza".
De acuerdo con Couturier "hay también una postura política, una voluntad de diálogo allí donde se nos querría imponer el silencio".
En su visión "el objetivo del atentado es aterrorizar, impedirnos pensar y atraparnos en la estigmatización, la polarización. No quiero dejar que se me imponga eso. Quiero conservar mi libertad", sentenció.
R.Gibson--MC-UK